Le dieron la baja al Soldado Micolta por andar de chistoso

(otro titular amarillista)

        El revuelo que ha tomado el caso del Soldado Micolta nos invita a escribir sobre el tema. A nosotros particularmente nos convoca la situación por ser narradores orales, por tener el oficio de hacer sentir a través de las palabras y entre esto, el propósito de hacer reír. Por eso, después de haber leído varias opiniones, esperamos dar nuestra voz sobre el tema, pensando en contribuir a la ampliación del espectro de discusión.

Las voces subalternas, las voces infravaloradas, existen desde siempre y en Colombia se pueden ver reflejadas en: las mujeres, los indígenas, los negros, los discapacitados, las personas de preferencia sexual distinta (LGBTI) y los pobres de todos los colores de piel. La razón de esto es simple: somos herederos de un pensamiento colonial y estamos acostumbrados a usar el poder para aplastar al otro, para ponerlo en servidumbre. Por lo anterior, si gozamos de un antecedente de opresión, pues aquí se aprovecha, porque en Colombia se aplica el dicho de “al caído, caerle”.

Screenshot_2015-11-03-18-58-51Desconocer que en Colombia hay racismo, para ir al caso puntual, es o estúpido o ingenuo. Sí, el racismo está vivo, incluso en Cali, la segunda ciudad con mayor población afrodescendiente de América Latina. Aquí todavía escuchamos o leemos a personas afirmando que el negro es bruto, que sólo sirve para los deportes o para el show de salsa, que su destino es trabajar en la construcción o entretener, porque pensar no es lo de ellos, porque es así y punto (porque eso se ve hasta en el Soldado Micolta, personaje que siempre se queda sin entender).

El caso es que Chao Racismo hizo su petición dentro del marco de la ley, esa que “acordamos” todos, y fue aceptada. Lo interesante del asunto es cómo se ha desarrollado la discusión en las Redes Sociales.  Admitimos que nos sorprendió inicialmente leer a algunos, incluso a gente muy inteligente y connotada, mencionar la necesidad de tolerancia cuando al mismo tiempo, apenas conocida la noticia y se leyó Chao Racismo, la agarraron contra ellos y de paso contra todos los “negros acomplejados”.  Se pasó en muchos casos, inmediatamente, sin pensar, como la horda de muertos vivientes que somos, a deslegitimar la voz que reclama (porque es la voz subalterna). Entonces comenzó la carnicería; incoherentemente se habló de tolerancia y partieron a despedazar todo lo Afro.

Pocos fueron los que hicieron el alto y revisaron críticamente, considerando la posibilidad de validar el hecho en sí, más allá de quién hace la proclama. La mayoría pasó a deslegitimar la solicitud de respeto, a restarle importancia. Se contagió la ira y el deseo por reprender una petición que refleja la existencia de una comunidad ofendida, se dedicaron a menospreciar el sentimiento de personas agredidas por la representación del Soldado Micolta, porque, en definitiva: “lo que sienten esos negros no es para tanto”.  Pocos revisaron con ojo crítico el tipo de premisas que esconde el humor de Micolta, al menos por conceder el beneficio de la duda; la mayoría sólo se preocupó porque le quitaron al bufón. Y las justificaciones son pobrísimas: “es que a mí me hace reír y por eso lo quiero de vuelta”, “es que estos qué se creen”, “acomplejados”, ” intolerantes”, “con problemas más graves y se ponen a quitarnos lo que nos gusta”. Tan fuerte se ha vuelto el tema que  ahora son innumerables los casos en red donde aparecen publicaciones similares a las imágenes adjuntas a este artículo.

Opiniones sobre Micolta 2La pobreza de esta discusión en Redes Sociales se debe, definitivamente, a las deudas en educación, a la desinformación (a la ignorancia). Para ir a un caso específico y que refleja el retraso: aún se celebra el Día de la raza cuando desde el descubrimiento del Genoma Humano se sabe que todos somos genéticamente una misma especie; si se quisiera hacer una diferenciación convendría mejor hablar de etnias. Todavía en algunas instituciones se hace la típica cartelera en donde se habla de la raza negra, la blanca y la indígena (sí que es triste eso).Y claro, no sabemos de historia, ni del dolor acumulado por algunos/algunas y cuando este dolor estalla, estalla con toda: vea el video (enlace). Lo real es que conviene parar cualquier forma de discriminación a tiempo, porque eso desata, cuando se llena el vaso, la violencia.

Por esta ignorancia colectiva es natural que algunas personas Afro manifiesten no sentirse ofendidas por el Soldado Micolta, porque históricamente los afrodescendientes, para sentirse aceptados, han recurrido a la negación de sí mismos (otra consecuencia de la discriminación). Con nuestra educación es natural que pocos sepan de la existencia y proclamas de Malcon X, de Martin Luther King, de Frantz Fanon, del Ku klux Klan, del movimiento Harlem o las Panteras Negras (por citar algunos referentes polémicos); ignoramos estos nombres y discusiones que aun siendo actuales, se silencian, porque es mejor hacerse el loco con esos temas, porque no son importantes.  Y ya saben, “quien olvida su historia está condenada a repetirla”, dijo el filósofo Santayana en Auschwitz, como para no olvidar lo que hizo el ejército Nazi (otra de esas “bromitas” de xenofobia que desató la persecución de los judíos y que al principio nadie detuvo porque no era para tanto).

Ciertamente hay cosas que no debemos tolerar como sociedad y una de ellas, entre tantas, es la discriminación de cualquier tipo. No podemos tampoco confundir tolerancia con aceptación y naturalización. Una cosa es la expresión accidental que te ofende, entender que alguien pudo meter la pata contigo y olvidar el incidente y otra que la emprendan contra ti a través de una forma sistemática de agresión o exclusión. Lo peligroso de la repetición de ciertos discursos sin freno es que con el tiempo se presentan naturales, cotidianos, comunes y en consecuencia, se nos vuelven imperceptibles. El punto debería girar en torno a las preguntas: ¿qué estamos dispuestos a tolerar y qué no? Y ¿de qué estamos dispuestos a reírnos? Porque si una humorista chilena nos dice narcos, todos brincamos, pero si se pone en la pantalla a un hombre que se pinta de negro y que fundamenta su humor en la ausencia de inteligencia (un negro bruto), pues aquí no pasa nada. Y estamos hablando de respeto y a veces hay que hacerse respetar, ¿no?

IMG-20151105-WA0007Nuestra pobreza analítica es verdaderamente preocupante. Acá confundimos papayas con limones y digo esto para abordar otro argumento que anda suelto en la red. Una cosa es que una organización decida ir en la búsqueda de un trato respetuoso y otra que se lancen diatribas contra ella diciendo: “pero por qué no persiguen a los negros ladrones y sí a los que hacen reír”. Como si fuera tarea de Chao Racismo denunciar todo lo que se haga por fuera de la ley. Y la pregunta: ¿será que es sólo costumbre del hombre negro robar? No, todos tenemos a la puerta la opción de ser corruptos y todos tenemos el deber de denunciar, sin importar su color de piel; el sólo comentario encierra una postura racista.

Pero vayamos al asunto más controversial y que más preocupa: hacer reír. No es fácil hacer reír a un público y eso es clarísimo. Uno supone que un artista dedicado al  humor sabe hacer un trabajo reflexivo previo y ejecuta una indagación constante sobre sus contenidos (si es un profesional, lo hará). No es fácil hacer humor inteligente, porque implica planear más, ser más ingenioso para hacerle el quite al estereotipo, corregir cuando se debe, evitar el lugar común que es dónde la gente más se ríe (y que es lo que sube actualmente el rating). El humorista que hace humor a partir de la discriminación de una comunicad específica está fomentando, en consecuencia, la violencia entre comunidades. Ahora bien, existen formas para resolver esto. Parece extraño que algunos artistas de la risa no hayan aprendido de Garzón, que le dio la voz a los subalternos y los puso sobre la voz dominante con ingeniosos discursos. El celador, la empleada de servicios domésticos (por citar dos ejemplos memorables), representaban voces subalternas y sus discursos eran simples y al mismo tiempo eran elevados porque cuestionaban a la voz dominante y hacían reír (¡Jaime, cómo nos hace falta un sentido del humor como el tuyo!).

Pero el público Opiniones sobre Micolta 1también debe ayudar, debe dejar de ponérsela fácil al humorista. Porque hasta a reír se aprende y uno, como espectador, elige de qué se ríe y de qué no. Lo que nos corresponde, eso sí, es meditar entonces sobre lo que nos parece gracioso pues la risa, ciertamente, refleja el conjunto de valores de una sociedad. Y debemos hacer el acto reflexivo sin dolor, sin miedo a dejar de reír, porque la risa como manifestación de una emoción del ser humano no va a desaparecer si pensamos un poquito. Lo que sí sucederá, porque es natural del paso del tiempo, es que los marcos referenciales del humor van a cambiar y así, lo que antes nos parecía gracioso después no lo será tanto. Veamos, por ejemplo, que hoy comienzan a escasear los chistes machistas, porque ya hay mujeres que protestan y hombres que no se ríen. También conviene dejar eso de: que se rían de todos pero menos de mí.

Quizás nos estamos enfrentando a un cambio de humor en Colombia. Veremos, ojalá y con agrado, la condenación de la colección de chistes y comentarios que aún se replican cotidianamente, esos de: “mi mejor amigo era un negro hasta que lo vendí”, “negro ni el teléfono”, “negro que no la embarra a la entrada la embarra a la salida”. Seguro, con sólo dejar estas expresiones, caminaremos hacia una construcción de una sociedad más pacífica e incluyente. Por eso también le auguramos, ojalá, un buen destino a este humorista, pues en la crisis le corresponderá salir del lugar común, del estereotipo y con ello ganará, seguramente, el humor colombiano.

Para cerrar, el otro aspecto que la situación revela es nuestra mala preparación para la discusión de estos asuntos (y allí sí nos cabe la desesperanza). Qué le vamos a hacer si es que estamos tan mal formados para la vida del ciudadano/ciudadana. La educación que nos llegó a la mayoría nos dejó sin bases para entender y afrontar un debate con ideas, por eso a la primera tachamos al otro y no lo escuchamos. Es notable nuestra ignorancia colectiva. Una sociedad que ni siquiera sale a votar, que no defiende el agua, la salud, la vivienda, la educación, su campo como fuente de alimento, difícilmente está preparada para comprender bien el trasfondo de algunos discursos que son discriminatorios pero que se nos presentan normalizados (esa discusión supera nuestras capacidades). Finalmente, como para ir al punto específico, tampoco estamos preparados para apagar el televisor cuando emite algo que nos perjudica socialmente, porque, tristemente, somos una sociedad influenciable hasta los tuétanos por los medios de comunicación. La mayoría va para donde va Vicente y opina como Vicente (que a todas estas no sabemos ni quién es); la mayoría deja de tomar una bebida acaramelada porque dicen haber encontrado un operario en ella, por citar un ejemplo reciente; y así ponemos políticos, así defendemos lo indefendible y atacamos al otro que nos presentan como una amenaza, sin ni siquiera escucharle, sin darnos el tiempo para escuchar su voz.

Por: Jhohann Castellanos Lozano

Aprobado por @SantaPalabra

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5 comentarios en “Le dieron la baja al Soldado Micolta por andar de chistoso

  1. Muy de acuerdo con vos Jhohan, muy acertado tu escrito, sencillo, facil de digerir para cualquier lector, pero a esto le falto un regaño para la gente de chaoracismo y para quienes ahora, se cobijan bajo su lema, porque si ya se había tomado acciones legitimas de presión en contra del personaje y su interprete, estaba de mas, ir a hacer un acto tan deplorable, como lo fue poner cadenas a un teatro en una función de dicho humorista y peor aun, increparlo, increpar a su esposa e hijos de manera agresiva, es algo que tampoco se debe pasar por alto, ya que esto le da validez, a los que dicen “véalos, negros resentidos y violentos”, la paz no va solo en una vía, va en muchas y este tipo de accionar, debe ser tan reprochable, como el humor discriminatorio y en eso, pienso tiene mucha culpa los de Ciaoracismo, al no tener una postura fuerte y un discurso claro frente a sus pares, cuando toman este tipo de acciones, porque si bien “la protesta” por así llamarlo, iba en contra del soldado micolta, quien lo interpreta o interpretaba, es un ser humano, que siente igual y cuya familia, junto con el, tiene los mismos derechos y merece el mismo respeto que se esta exigiendo, si no se pasara de victima a victimario.

  2. por que razon tambien no renuncian a las cosas que les regalan por ser afrodecendientes,cosa como becas en la universidad ,curules en el congreso etc

  3. Considero que en un pais como el nuestro de donde podemos sacar tanto humor por ser pluriregional, ponerle estigmas para que la gente ria no es divertido; no son humoristas los que generan discriminacion son las mentes no evolucionadas.

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